Año tras año vemos cómo las familias, amistades y gran parte de la sociedad, felicitan o celebran “el Día de la Mujer” y la ven como una fecha idónea para mandarnos flores, cartas o regalos simplemente por ser mujeres.
Pero no, el 8 de marzo no es una fecha para celebrar, sino un día para conmemorar situaciones que han sentado precedentes en la lucha feminista por la reivindicación de nuestros derechos y libertades. Una de ellas sucedió el 8 de marzo de 1908, cuando un grupo de obreras textiles en Nueva York se declaró en huelga y ocupando el espacio en que trabajaban, protestaron exigiendo condiciones laborales dignas como la reducción de la jornada laboral a 10 horas, salario justo y equitativo, así como la mejora de las condiciones insalubres en que se desempeñaban.
Ante esta exigencia y con la intención de que las trabajadoras cesaran la huelga, el dueño de la fábrica mandó a cerrar las puertas y se provocó un incendio donde más de 100 mujeres perdieron la vida. Se dice también que las telas que fabricaban eran de color violeta, volviéndose entonces este un color simbólico de la lucha feminista.
Años más tarde, en 1910 la Internacional Socialista reunida en Copenhague proclamó el 8 de marzo como el “Día Internacional de la Mujer”, en memoria de las mujeres trabajadoras de la fábrica y como homenaje al movimiento a favor de los derechos de las mujeres.
En 2017, a 110 años de aquel hecho que estremeció en lo más profundo al movimiento de mujeres, en Guatemala 56 niñas y adolescentes fueron víctimas del incendio ocasionado por la negligencia del Estado guatemalteco en el “Hogar Seguro” Virgen de la Asunción, mismo que tenía bajo su cuidado y protección a niños, niñas y adolescentes víctimas de violencia y abandono.
Los hechos impunes donde las mujeres somos víctimas constantes, no son hechos aislados. Todo se deriva de una discriminación generalizada y sistemática por una sociedad y gobierno que ven a nuestros cuerpos como un botín de conflictos sociales en toda América Latina. Han pasado más de 100 años del suceso que dio vida al 8 de marzo, y aún queda mucho por qué luchar, marchar, gritar y parar.
En este mismo sentido, y entendiendo que este día históricamente no es de celebración, sino de lucha, este 8 de marzo en México, miles de mujeres de distintas edades y contextos nos sumamos al Paro Internacional de Mujeres marchando y parando nuestras diversas actividades para hacer visibles situaciones de opresión, violencia y desigualdad que nos atraviesan y posicionan en una situación de vulnerabilidad, discriminación y en condiciones adversas a nuestro desarrollo.
Nosotras paramos y marchamos porque sistemáticamente existe en nuestro país una cultura patriarcal que nos violenta, invisibiliza y nos impide transitar y ocupar libremente los espacios públicos, siendo el acoso sexual y callejero, la violencia y la discriminación una constante. Nosotras no celebramos porque en México el último año ha sido uno de los más violentos para mujeres y niñas, donde el 38.6% de jóvenes entre los 15 y 17 años presentan altos niveles de violencia. Porque este es un Estado feminicida que no da respuesta a las demandas de las mujeres y de las identidades feminizadas, y que no es garante de nuestros derechos al suscitarse en México más del 58% de los feminicidios a nivel Latinoamérica con un promedio de 7 mujeres asesinadas al día, y porque además hay más de 3 mil mujeres desaparecidas en cinco estados, con respuestas gubernamentales deficientes como lo son las Alertas de Género, concibiendo así, una ola de impunidad, inseguridad y nulo acceso a la justicia para familiares y víctimas.
Nosotras salimos a las calles, porque ante el actual contexto de impunidad existen todavía medios de comunicación negligentes e irresponsables cuando una mujer es víctima o denuncia violencia, siendo frecuentemente culpabilizadas y revictimizadas. Y porque junto con esto, mujeres jóvenes entre los 18 y 30 años de edad, en su mayoría periodistas, defensoras de derechos humanos, investigadores y artistas, somos las más vulneradas en espacios digitales, siendo internet un nuevo espacio de violencia con mensajes amenazantes, agresivos y misóginos hacia aquellas que usan los medios de comunicación virtual para denunciar u organizarse.
Nosotras también marchamos contra la imposibilidad de decidir de forma libre y responsable sobre nuestro propio cuerpo, porque la garantía de un aborto seguro y el acceso a métodos anticonceptivos está marcada por la falta de acceso a una educación de calidad y laica, por las condiciones socioeconómicas y de localización geográfica.
Paramos y salimos a las calles porque aunque ahora tenemos más presencia en el ámbito público y se ha legislado sobre la paridad de género en algunos espacios de representación popular, durante este año electoral 2018 hemos visto casos violencia y el acoso, contra mujeres que imposibilitan hablar de una verdadera democracia en nuestro país.
Nosotras paramos porque las tareas domésticas, de cuidado y crianza que implican otra jornada laboral que generalmente no es remunerada, siguen estando a cargo mayoritariamente de las mujeres y evidencia que sin el esfuerzo y el trabajo de nosotras el mundo se para. Nosotras no celebramos esta fecha porque en el ámbito laboral mexicano la brecha salarial representa una desigualdad para las mujeres, ganamos 18% menos que los hombres por realizar el mismo trabajo.
Nosotras nos organizamos porque ante las nuevas dinámicas del mercado neoliberal y de la globalización, las mujeres jóvenes vivimos grandes desafíos y dificultades para acceder a trabajos dignos. Porque enfrentamos la precarización de nuestras vidas a partir de lógicas y condiciones estructurales que han arrebatado conquistas históricas de derechos sociales, permitiendo que más de la tercera parte de las mujeres trabajadoras en México realicen jornadas extensas sin salarios proporcionales, y sin garantía de pertenecer a un sindicato o de tener prestaciones de seguridad social que permitan una mejor calidad de vida.
Nosotras paramos porque nuestra identidad es múltiple y somos diversas, y ante el racismo, la exclusión y las marginaciones, se vuelve necesaria una sociedad que nos permita vivir libres y seguras.
Nosotras marchamos porque las calles también son nuestras y las seguiremos tomando hasta que podamos transitarlas sin miedo.
Por estos y otros motivos más, este 8 de marzo nosotras no celebramos. Nosotras paramos, marchamos y nos organizamos.
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